Esta descripción que sigue, es un detalle de uno de mis talleres, en el cual realizamos una especie de mapa; es un trabajo metódico en el sentido de no seguir un determinado orden de las cartas, sino que nos introducimos en los temas que surgen con las personas presentes en la sala, (similar a constelar), respondiendo a sus inquietudes, preguntas y necesidades.

Es un esfuerzo serio y profundo, siguiendo un método dialéctico entre el profesor y los alumnos, que no siempre es sencillo pero sí apasionante.

Me interesa destacar que este mapa puede representar, además del desarrollo general y el tránsito por la vida, algunos aspectos particulares.

He buscado un lenguaje más cercano y más específico, modificando los nombres de las rutas del mapa.

El mapa debe entenderse como una especie de matriz de conocimiento que puede ser aplicada a diferentes realidades y en distintas escalas, tanto para cuestiones vinculadas a ciertas épocas concretas de la vida, como al proyecto vital íntegro y al del espíritu mismo.

Esa óptica debe estar siempre presente al aplicar este esquema. Una persona puede estar en una determinada estación en un área de su vida y en otra área, en una estación diferente. Por ejemplo, alguien puede estar al mismo tiempo en un alto grado de desarrollo de sus aspectos laborales y en uno muy incipiente en materia de relaciones sentimentales.

Ahora bien, el mapa no es el viaje ni tampoco el territorio.

Hay quienes confunden el instrumento con la finalidad, la meta con la idea y el mapa con el viaje. No basta con conocer el mapa si acaso no hacemos efectivamente un ejercicio de tránsito y reconocimiento de cada una de estas etapas. La teoría jamás sustituirá a la vida.

Aplicamos las cartas como prismas para visualizar la realidad cuando queremos comprender las etapas de nuestra vida o del tercero que nos consulta, en el entendido de que desde ese contacto con la sabiduría, el sujeto debe iniciar su propio camino experiencial.

Este mapa tiene tres caminos (A, B y C), cada uno con siete estaciones:

A. La ruta de los grandes arquetipos por los cuales transitamos durante la vida. Incluye los arcanos mayores del I al VII. Cada uno de ellos puede resumirse en una frase fundamental.

I El Mago

Dice "Yo Soy": Yo soy mi alma, mi yo trascendente, mi esencia y mi existencia. Tengo a mi disposición todos los elementos para planear la vida. Soy el transformador, el que marca los comienzos y propone nuevos derroteros.


II La Sacerdotisa

Dice "Yo me encarno". Accede a la profundidad de la sabiduría, donde reside la verdad y tiene por función administrarla, en la seguridad de no ser su dueña. Me he encarnado, pasaré un tiempo de reposo antes de iniciar el camino, proceso la información que traigo. Soy la polaridad concreta: el ser encarnado pertenece a los dos mundos.


III La Emperatriz

Dice "Yo nazco". Es el arquetipo de la madre, que representa abrigo, alimento y protección, quien reinserta al niño afectivamente. Es también la representación de la mujer en la pareja.


IIII El Emperador

Dice "Yo me incorporo y actúo en el mundo". Es la representación arquetípica del padre: autoridad, límites, orden, acción. Tiene que ver con las energías masculinas de la acción en el mundo. Es también la pareja masculina.


V El Sumo Sacerdote

Dice "Yo aprendo y me integro". El aprendizaje formal de la escuela, la comunicación y las normas de la sociedad. Es el reconocimiento de la necesidad de participar con otros. Da a conocer la verdad y administra su difusión, pero no la toca profundamente. Es el puente.


VI Los Enamorados

Dice "Yo decido, yo elijo, yo me equivoco". Se vincula con la adolescencia, con creer que ya no necesito aprender más. Es el comienzo del amor y de la elección. Es el primer intento por tomar decisiones y, por lo tanto, conlleva equivocaciones. Así nace la experiencia.


VII El Carro

Dice "Yo conduzco mi vida". He madurado. Ahora podré conducir verdaderamente mi vida, pues tengo las riendas de mi realidad. He llegado al final de una etapa y recién entonces puedo saber de mí y de mis limitaciones. Es el anuncio de la victoria, pero de aquella que trae la tarea de volver a empezar.


B. La ruta de las tareas del desarrollo personal cuyas figuras me dicen qué tengo que hacer para poder crecer en mi vida. Son los arcanos mayores del VIII al XIV.

VIII La Fuerza

La primera tarea, antes de iniciar cualquier camino, será la de reconocer que residen en mí fuerzas contradictorias y que esa tensión debe ser asumida mediante el proceso mutuo de "domesticación". No es la victoria de una sobre otra, sino la acción conjunta de ambas. La mejor expresión es la del amor terrenal, que sin dejar de ser amor pone énfasis en lo carnal.


VIIII El Ermitaño

La segunda tarea consiste en recuperar el camino de la sabiduría, saber cómo y cuándo detenerme, hasta dónde llegar, ser capaz de asumir lo aprendido y entregarlo. Es la carta de los procesos profundos, que solo se justifican en la medida en que uno sale de ellos. Nos llama a la prudencia.


X La Rueda de la Fortuna

La tercera tarea me dice que debo aceptar que el mundo gira más allá de mi voluntad y que deberé ser capaz de descubrir su ritmo y su sentido. Asumir las dudas entre lo racional y lo emocional y aceptar que el destino irá marcando derroteros.


XI La Justicia

La cuarta tarea es reconocer que el eje del mundo y la resolución de los problemas pasa por una suerte de equilibrio, interno y externo, pero rígido, estructurado, que tiene que ver con la autoridad, con la formalidad. Por ello no siempre satisface. Es lo que rompe y divide, lo que une y resuelve, pero que puedo verlo y debo actuar.


XII El Colgado

La quinta tarea es ser capaz de girar, conectarse con el pasado, tener una mirada distinta, presentarse diferente de los demás, hacer un alto en la vida y ser capaz de someter a crisis el entorno, aunque ello implique sacrificios. Habla desde el pasado.


XIII La Muerte

La sexta tarea es la capacidad de gestar, asumir y conducir el propio cambio. Me remite a la antesala de la nueva vida, un proceso sin más resistencias para enfrentar la armonía interior.


XIIII La Templanza

La séptima tarea es el resultado del cambio y consiste en ser capaz de asumir la armonía interior y la alquimia perfecta. Sostener lo que a otros parece imposible y combinar adecuadamente.


C. La ruta de los grandes desafíos y la autorrealización cuyos hitos sugieren enfrentar los desafíos que, una vez superados, conducen a la autorrealización y al nuevo comienzo. Son los arcanos mayores del XV al XXI.

XV El Diablo

El primer desafío es conocer mis pasiones, mis miedos ocultos, mis obsesiones y culpas, acercarme a lo más bajo de mí mismo, a las pasiones más elementales, a la parte más complicada, a aquello con que tengo ataduras. Representa nuestras cadenas internas.


XVI La Torre

El segundo desafío es la lucha por la libertad y su aceptación cuando llega por otra mano. Nada sucede sin sentido: llega el rayo y uno puede deprimirse, amargarse, sufrir, sin aceptar que el rayo es un acto liberador, pues es más cómodo tener un tirano en la cabeza que tener que ejercer la libertad. Aunque todo parece destruirse cuando llega el movimiento, podemos permanecer tranquilos, pues jamás caerá la base de sólida construcción.


XVII La Estrella

Es el tercer desafío, que nos dice que debemos conectarnos con el inconsciente, removerlo en busca de la verdad más elemental y confiar en las oportunidades que tenemos, rescatar la fe, la esperanza y el perdón. Debemos asumir que estamos desvalidos en apariencia, pero protegidos para que seamos capaces de aprovechar las oportunidades. Es una carta de arte.


XVIlI La Luna

El cuarto desafío nos conecta con la cara oculta de su realidad y las distorsiones en la acción en el mundo. Es capaz de brillar, aunque otros crean que no y sea con luz prestada. Indica que debo asumir que tengo que conocer mi cara escondida. Es la carta de la intuición y los sueños.


XIX El Sol

El quinto es el desafío de brillar. Debemos asumir el sol en todas sus dimensiones, con los beneficios y las cargas, siendo capaz de dar calor, de ayudar a germinar, pero entendiendo y vivenciando que quien se acerca demasiado se quema, que estamos expuestos y que no podemos desaparecer tranquilamente, que ello nos puede dejar vulnerables como un niño.


XX El Juicio

Es el último desafío y la antesala de la realización: despertar, renovar y perdonar. Debo ser capaz de estar despierto y despertar a quienes están a mi cargo. Mirar el pasado y asumir que hay quienes mantendrán vigencia en mi vida y otros no. Será necesario buscar la verdad y saber que lo que se ve no siempre es real. Deberé discernir, analizar, pensar.


XXI El Mundo

La autorrealización y la integración. Es la coronación, la etapa final, la última vuelta, la sabiduría, la palabra, la verdad, la integración, lo masculino y lo femenino en un solo acto, es el todo que hace innecesario lo demás.


Los arcanos mayores son un sistema coherente. Cada carta del Tarot conecta con la más profunda sabiduría y abre un sendero hacia el conocimiento personal y, por lo tanto, al encuentro con una verdad trascendente. Es decir, cada carta podría bastar (en una perspectiva de crecimiento personal) para incursionar hacia los más recónditos secretos del alma. Es cierto que una carta no basta para una tirada exploratoria de la vida concreta, pero sí puede ser suficiente para iniciar una meditación individual y una posterior revisión interior que impulse el desarrollo de las potencialidades y de los mejores atributos de cada uno.

Para enfrentar esa tarea, podríamos decir que el Tarot se asemeja a una torta cortada en 22 trozos iguales. Cada uno de ellos tiene todos los ingredientes en una distribución relativamente pareja. No es necesario comer toda la torta para conocerla porque en cada bocado hay presencia de todos los ingredientes.

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También es válida la visión del Tarot como una circunferencia cruzada por rayos. Esta visión de las cartas del Tarot tiene mucha relación con el desarrollo personal.

Cada rayo atraviesa infinitos círculos concéntricos que indican la profundidad de la información obtenida, en niveles de conciencia más profundos, hasta alcanzar el punto central que es donde está nuestro núcleo más profundo, lo que podríamos llamar el "Yo elemental", o la primera manifestación de existencia terrena.

Desde la periferia de esos círculos concéntricos hay veintidós senderos que nos conducen hasta lo profundo de nosotros mismos, a través de todo lo que nos rodea, incluyendo nuestras propias limitaciones y dificultades. Quiero decir con esto que la tarea de nuestra vida está reflejada en este diagrama de La Rueda, que indica su doble dimensión: caminar hacia el centro, pero hacerlo por todo el espacio.

La visión de La Rueda o de la torta, con sus senderos hacia el interior, refleja la exploración en distintas etapas de la vida.

Tener información sobre los veintidós senderos del desarrollo interior no significa recorrerlos todos; pero sí, saber cuáles son los caminos a través de los que nos puede ir mejor en la vida. Cada vez que aparece una carta determinada no significa que debamos recorrer todo su camino, sino que deberemos descubrir los matices y las posibilidades que nos ofrece. Debemos ser capaces de elegir el mensaje que tiene la carta en el momento.

El trabajo con las cartas debe ser un intento por descubrir qué instrumentos reales nos entrega cada arcano y cuánto de lo que cada uno de ellos significa en sí mismo reside al interior nuestro.
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